Alianza PAIS, el movimiento que por 14 años cobijó a Rafael Correa y al presidente saliente, Lenín Moreno, terminó dividido y reducido a su mínima expresión. Hoy, cuando se acerca el gobierno del conservador Guillermo Lasso, muchos se preguntan si alguna vez regresará a Carondelet.

Los correístas hacían del triunfo un espectáculo. Celebraron por última vez en 2017, cuando Rafael Correa dejaba el sillón presidencial para dar paso a su compañero militante y vicepresidente Lenín Moreno. En la sede de Alianza PAIS había potentes equipos de sonido, una tarima, pantallas gigantes, banderas y toda la parafernalia de un movimiento político arrasador.

Pero en estos cuatro años muchas cosas cambiaron. Moreno, a los pocos meses de gobernar, se distanció del correísmo y este lo calificó de traidor; con el paso del tiempo, Moreno gobernó con el apoyo del Partido Social Cristiano y CREO, el partido de su contendor, Guillermo Lasso, y el 24 de mayo Moreno le entregará la banda presidencial al banquero y miembro del Opus Dei.

Además Alianza PAIS, esa maquinaria que solía arrasar en todas las elecciones en los 10 años que gobernó Rafael Correa, quedó profundamente dividida. Con su líder pedido por la justicia y refugiado en Bélgica, el correísmo se cobijó en el partido Centro Democrático para presentarse con el nombre de Unión por la Esperanza (Unes) y postular a un desconocido Andrés Arauz. Y la candidata oficial, Ximena Peña, única mujer que competía en estas elecciones, apenas obtuvo un 1,54 por ciento de los votos. Al final, de acuerdo con el Consejo Nacional Electoral (CNE), Lasso obtuvo el 52,36 por ciento y Arauz el 47,64 por ciento de los votos. Es decir, le tomó una ventaja de 4,72%.

Este triunfo de Lasso en Ecuador tiene que ver con un acelerado proceso de fortalecimiento de las derechas en el país. Así lo explica David Chávez, docente de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Central. Para él, hay al menos tres claves: primero, en las elecciones seccionales de 2014 el correísmo perdió en Quito y otras ciudades grandes; segundo, el intento de reforma tributaria que en 2015 planteaba un impuesto a las herencias al 2 por ciento más rico y, tercero, el viraje a la derecha de Lenín Moreno. “Él construyó un discurso radicalmente de derechas, con ciertos visos fascistoides de persecución política (a Rafael Correa y a la dirigencia correísta) y la estigmatización del movimiento del cual salió, Alianza PAIS”.

Guillermo Lasso, presidente electo de Ecuador, con parte de su familia. Crédito: fanpage oficial en Facebook de Guillermo Lasso.

Para Chávez en ese escenario, al menos desde el debate del impuesto a las herencias, apareció un discurso fuerte contra la izquierda: “Estigmatizar todo lo que suene a izquierda empezó a germinar y tuvo a Lasso como resultado final”.

Pero como anota el politólogo y profesor universitario Arturo Moscoso, “si bien Lasso ganó las elecciones, lo hizo con una menor votación de la que obtuvo en 2017”. Es decir, unos 175 mil votos menos. Solo que, a diferencia de ese año, las elecciones pasadas tuvieron un nuevo elemento: la convocatoria al voto nulo.

No era una iniciativa espontánea, pues tenía nombre y rostro propio: el candidato Yaku Pérez, de Pachakutik (el brazo político del movimiento indígena ecuatoriano, Conaie). La primera vuelta en febrero puso a Arauz en primer lugar, con una ventaja que parecía apreciable sobre los demás y entregó un resultado muy apretado entre Pérez y Lasso para definir quién competiría con él en el ballotage. El CNE tardó trece días para dar como ganador a Lasso, con una diferencia de 32 mil votos.

Yaku dio pelea durante esos trece días. Presentó al CNE 14 cajas con 16 mil actas con supuestas irregularidades y un recurso de última instancia al Tribunal Contencioso Electoral, se reunió con Lasso para solicitar un reconteo en varias provincias y se sumó a las movilizaciones indígenas por la democracia. Sin embargo, el Tribunal rechazó la apelación de Pérez, el CNE solo revisó 31 de las 16 mil actas y Lasso decidió sumarse a la decisión de los organismos electorales, lo que dejó sin piso el pedido de reconteo.

Yaku Pérez, candidato presidencial por Pachakutik, depositando su voto en un puesto electoral de Tarqui. Crédito: fanpage oficial en Facebook de Yaku Pérez.

En ese contexto, el movimiento indígena llamó al “voto nulo ideológico” por considerar que todos los indicios apuntaban a un fraude. Este hecho golpeó con fuerza la candidatura correísta. “Arauz perdió con alrededor de 400 mil votos y el voto nulo alcanzó cerca de 1 millón 600 mil. Uno podría suponer que es justamente la franja dura de Yaku Pérez, que representa a Pachakutik”, dijo Chávez. Moscoso, por su parte, considera que ese voto nulo reveló además dos cosas: uno, mucha gente mostró su descontento con el sistema y dos, miles de votantes no se veían representados en ninguno de los candidatos.

En cierta forma este ‘efecto Yaku’ le cobró las cuentas al correísmo. Pérez fue un fuerte opositor de Rafael Correa y los seguidores de éste lo hicieron víctima de estigmatizaciones, agresiones e inclusive el gobierno deportó del país a su pareja Manuela Picq. Y ya como candidato presidencial en este 2021, la militancia leal a Rafael Correa puso en duda si él era realmente indígena o no.

El hecho es que el indigenismo no solo se hizo sentir en la pugna por la presidencia, también alcanzó una importante presencia en la Asamblea Nacional (unicameral de 137 miembros). La actual composición deja al menos tres partidos minoritarios con presencia en el legislativo: Unes (48), Pachakutik (27) e Izquierda Democrática (18). Creo, el partido del presidente electo, tiene 12 legisladores que posiblemente puedan aliarse con el Partido Social Cristiano (19, tanto del partido como de alianzas).

Andrés Arauz se enfrentó en segunda vuelta con Guillermo Lasso y perdió las elecciones presidenciales en Ecuador. Crédito: fanpage oficial en Facebook de Andrés Arauz.

Hasta el momento tanto Pachakutik como Izquierda Democrática han planteado una agenda legislativa que pondrán en marcha el 14 de mayo cuando asuman funciones. Chávez considera que si el correísmo y el movimiento indígena se unieran controlarían el parlamento. “Ellos podrían contener y oponerse a la política neoliberal de Lasso, sin necesariamente desestabilizarlo”. Pero afirma que hay señales de que el correísmo buscaría un acuerdo con el Gobierno electo para entregarle gobernabilidad a cambio de detener la persecución judicial contra sus líderes. “No estoy seguro si esa es una buena estrategia, sobre todo, porque creo que va a generar tensiones internas entre la militancia”, dice.

Por eso resulta significativo que, tras conocer los primeros resultados del balotaje, Rafael Correa le haya deseado suerte a Lasso, algo que sorprendió a muchos, dada la tradicional combatividad del expresidente. Incluso llegó a decir “su éxito será el del Ecuador”. Este gesto, para Moscoso, tiene un contexto: Rafael Correa y su militancia ya se preparaban para denunciar fraude electoral ya que pensaban que iban a tener un resultado más apretado. “Pero cuando la diferencia queda en cinco puntos porcentuales, decir fraude es complejo”.

Moscoso pone entre signos de interrogación el reconocimiento de Correa al ganador y prefiere esperar cómo se va a traducir en la Asamblea. Dicho de otro modo, si el correísmo quiere mostrar una oposición responsable, “tienen que dejar el maniqueísmo y el mesianismo.”

Esas características del expresidente, que muchos como Moscoso consideran invariables, hacen que en el propio correísmo la presencia de Correa se haya convertido en un desafío. Chávez sostiene además que hay una crisis de liderazgo. “Me refiero a que Correa no puede seguir organizando el movimiento desde Bélgica. Necesita gente acá que asuma el liderazgo para manejar la organización”. Para él, si logran frenar la persecución política podrían consolidarse como organización. Pero si hacen lo mismo que hace 14 años, es decir, aplican muy poca democracia interna, con una jerarquía muy vertical y sin estructura organizada, “corren el riesgo de diluirse como fuerza política”.

El expresidente Rafael Correa en un evento de Naciones Unidas. Crédito: Jean-Marc Ferré / UN Photo.

¿Puede Ecuador regresar a la inestabilidad política, como en la era anterior a Correa, cuando hubo 7 presidentes en 10 años? Para Moscoso existe ese peligro ya que el país “tiene una crisis económica grave, ahondada por la pandemia, una crisis moral con el tema de la corrupción y, además, el ingrediente de tener una asamblea fragmentada”. El politólogo considera que la estabilidad depende mucho de Lasso. Por ejemplo, que cumpla su ambiciosa oferta de vacunar a nueve millones de personas en los primeros cien días de gobierno. “Pero, si no lo logra, empieza mal”.

Chávez cree que hay un escenario muy probable para la desestabilización, y como Moscoso, dirige su mirada a Lasso y apunta que los gobiernos neoliberales tienen un largo historial de protestas sociales. “Ese modelo tiende a generar inestabilidad política porque es un modelo autoritario que desfavorece a las grandes mayorías. Hay una paradoja, ¿cómo es que un modelo económico estable genera tanta inestabilidad política?”.

Finalmente, ¿este proceso electoral puede ser el final de Rafael Correa? Para Moscoso, eso dependerá de si el gobierno de Lasso logra abordar con éxito todos los temas en el campo económico, verdadero origen de la insatisfacción por la democracia. Pero si no logra enfrentar con éxito la desigualdad y la inequidad, “Rafael Correa o líderes como Rafael Correa siempre van a tener el chance de llegar a gobernar y manipular el sistema político a su favor”.

Foto: Ilustración de Rafael Correa hecha por Thierry Ehrmann e incluida en el libro ‘Abode of Chaos Opus IX’.

Material publicado en CONNECTAS.

Carlos E. Flores