“El que mucho promete rara vez cumple su palabra”

Lao Tse

En tiempos electorales es común escuchar varias propuestas de los candidatos que disputan las diferentes dignidades, pero en el camino a las elecciones ecuatorianas del 7 de febrero de 2021 se ha exagerado “ligeramente”. Un análisis realizado por el grupo FARO sugiere que las 16 opciones presidenciales oficialmente vigentes han presentado en sus planes de gobierno alrededor de 1.500 propuestas donde solo 55,5% incluyen una explicación de cómo ejecutarlas.

Como bien sugiere la economía conductual, ante un excesivo número de alternativas, las personas tienden a escoger una “opción por defecto” (construida incluso desde los medios de comunicación y otros grupos de poder capaces de generar “marcos de referencia”). Sufrir una “fatiga por decidir” le lleva a escoger alternativas mediocres o simplemente aplazar la elección. Asimismo, es evidente que las personas tenemos una “racionalidad limitada” al procesar información. Por tanto, quizá la mayoría de esas 1.500 propuestas simplemente terminarán como textos muertos e intrascendentes.

Resalto estos puntos para comprender cuán fútil es prestar demasiada atención a los mares de propuestas planteadas en especial por los candidatos presidenciales tanto en sus planes de gobierno como en los diferentes foros desarrollados hasta ahora, mal llamados “debates”. Ha sido sorprendente ver cómo, en dos minutos o menos, cada candidato encontraba la solución a una crisis económica estructural que tiene estancado al Ecuador desde 2015 (y que ha colapsado en 2020), al mismo tiempo que sobraban ideas para generar millones de empleos. Por cierto, este fenómeno no es nuevo: se lo encuentra cientos de veces entre “economistas expertos” que, con lenguaje más “elegante” y tecnocrático, son capaces de exponer las recetas más variadas y pomposas para supuestamente sacar al país de una crisis, aun cuando muchas propuestas nacen desde la especulación, los dogmas y los mitos (problema típico de una profesión poco científica y enormemente política como la economía).

Escuchando las propuestas de los candidatos surge la duda de por qué no reunir todas esas “brillantes ideas” y armar un solo gran plan económico para “salvar a la patria” (por si se quiere leer un brevísimo resumen de esa letanía de propuestas económicas, ver aquí). Obviamente tal ejercicio resultaría en un plan amorfo, sin estructura ni visión de conjunto. Y esa es una de las mayores fallas de todas las propuestas: no existe una formulación económica integral, en donde cada idea concreta forme parte de un plan profundo que enfrente los mayores problemas económicos del país. Sobre todo la gravísima crisis, las urgencias de la pandemia del coronavirus y hasta el apoyo a poblaciones que literalmente mueren entre el hambre y el desempleo.

Seguimos empantanados entre parches, improvisaciones y caprichos. Apenas como ejemplo están las propuestas de entregar mil dólares a un millón de familias apenas se inicie el nuevo gobierno (Arauz), la potencial reducción o hasta eliminación del impuestos a la salida de divisas (Lasso, Pérez), una drástica reducción del IVA del 12 al 8% (Celi), el subsidio al empleo juvenil (Carrasco) entre otras ideas que parecen olvidar que el Estado ecuatoriano vive una situación fiscal en extremo frágil en donde el cumplimiento de las obligaciones depende de la deuda externa (a menos que se desee modificar la estructura de gastos públicos y/o el esquema monetario). Asimismo, abundan las propuestas de “reactivación”, “generación de empleo”, “fomento al emprendimiento”, y tantos otros lugares comunes monótonos y poco creíbles.

Antes que llenarnos de “recetas mágicas” pero inútiles, lo primero que necesitamos es un auténtico diagnóstico de la situación económica, con un enfoque estructural e integral, con una profunda perspectiva técnica y política, reconociendo las urgencias y las necesidades de transformación a largo plazo. De hecho, para próximas elecciones debería exigirse a los partidos y movimientos participantes a que presenten dichos diagnósticos económicos, los cuales podrían ser evaluados por las distintas facultades de economía del país: si esos diagnósticos no pasan la evaluación, las candidaturas simplemente se rechazarían. Es más, los diagnósticos podrían extenderse a otras áreas como la situación de la ciencia y la tecnología, la justicia, las inequidades étnicas y de género, etc. Tales diagnósticos serían más valiosos que los actuales planes de gobierno cargados de propuestas estériles y sin gota de profundidad.

Sin ese tipo de diagnósticos sobre la realidad ecuatoriana, nuestros candidatos seguirán dando “palos de ciego” en tienda de cristalería. Claro, se puede argumentar que las urgencias del país no dan tiempo para diagnósticos elaborados, pero eso es una falacia: si de verdad tenemos prisa, debemos acostumbrarnos a marchar más despacio, pero dando pasos seguros. Preferible tener pocas propuestas estructuradas y realizables, a tener un mar de ideas irrelevantes.

John Cajas Guijarro es economista ecuatoriano. Profesor titular de la facultad de economía de la Universidad Central del Ecuador. Doctorante en economía del desarrollo FLACSO-Ecuador.