Las abejas, esos asociativos y fantásticos insectos, se están extinguiendo. Su gradual ausencia empieza a dificultar la polinización de varios cultivos. Desde tiempos remotos el hombre las admiró y cuidó, pero, por extraño que parezca, el mismo ser humano está logrando su exterminación. No es ficción, es la dura realidad.

Historia de las abejas es una muy bien lograda novela de la escritora noruega Maja Lunde. Tres narraciones diferentes, en pasado, presente y futuro, en tres países, se alternan y entrecruzan. Las tres tienen en común a las abejas. La primera, ubicada en Maryville, Inglaterra, en 1852, es la historia de William, un naturalista y apicultor que denodadamente, a base de observaciones, lecturas y experimentaciones, busca diseñar y construir un nuevo tipo de panel extraíble para las colmenas y con eso ganarse el respeto y reconocimiento de su familia y la comunidad.

En la segunda historia, Maja Lunde nos lleva a Autumn, Ohio, Estados Unidos, en 2007, donde otro apicultor llamado George es testigo del aparecimiento del CCD (Colony Collapse Disorder), también conocido como «problema de colapso de las colonias», que diezma las colmenas hasta casi terminarlas. Este es el presente de la apicultura, en el siglo XXI, cuando las abejas melíferas han empezado a morir. El principio del fin ha comenzado.

La tercera narración es en el futuro: en el Distrito 242, en Sirón, Sichuan, China, y corre en el año 2098. Las abejas han desaparecido de la faz de la tierra y el mundo ha cambiado totalmente. Tao y su esposo se dedican a la polinización manual de árboles frutales, única manera de obtener cosechas para una sociedad colapsada y hambrienta. El futuro se revela asolado y devastador. Un eslabón natural se ha roto y las consecuencias son serias, aterradoras.

Historia de las abejas, es una vigorosa novela, con magnífica estructura y dotada de un ritmo que facilita su lectura. Personajes muy bien perfilados y un argumento que intriga e inquieta. Novela ecológica con mucho peso literario. Maja Lunde cumple su cometido al advertir el tremendo daño que la humanidad está infringiendo a la naturaleza.

En la realidad, biólogos y entomólogos han señalado tres grandes causas para la extinción de las abejas; desgraciadamente, en todas está presente la mano del hombre: abuso o uso indiscriminado de agroquímicos, calentamiento global y cambio permanente del entorno natural.

Respaldados en evidencias científicas, varias voces señalan a los insecticidas neonicotinoides (imidacloprid, fipronil y otros) como los principales culpables de la muerte de millones de abejas en los cinco continentes. En muchos países está prohibido su uso en la agricultura, pero en el Ecuador son de libre venta y empleo. Recientes estudios en Alemania señalan al herbicida glifosato, otro veneno de libre venta en el país, como «especialmente dañino» para la abejas melíferas, abejas silvestres y abejorros.

La segunda causa, el calentamiento global, manifestado en lluvias torrenciales, sequías prolongadas, temperaturas gélidas o calores extremos, alteración constante de los ciclos naturales, incide marcadamente en la vida silvestre.

La tercera, tala de bosques, eliminación de arbustos y plantas primarias, agricultura intensiva e industrial, monocultivo en grandes extensiones y «plastificación de los campos», determina una enorme transformación del hábitat, así como graves afectaciones a los distintos componentes naturales, muy especialmente a insectos y aves.

Historia de las abejas, de la noruega Maja Lunde, libro de obligada lectura, invita a reflexionar sobre el papel a cumplir frente a la naturaleza, a respetar procesos y eslabones naturales y, sobre todo, a meditar que, sin la presencia de las abejas, la agricultura en el mundo cuenta con un incierto presente y la certeza de un catastrófico futuro.

Francisco Estupiñán
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