Los Juegos Olímpicos son la máxima expresión deportiva del planeta. Centenares de miles de atletas de todo el mundo sueñan con esa ecuménica competencia, a la cual solo llegan quienes cumplen las marcas base establecidas para cada disciplina. El título de atleta olímpico es un galardón del que muy pocos pueden presumir, pues significa estar entre los mejores de los mejores: un logro extraordinario solo superado por la obtención de una medalla.

Los Juegos Olímpicos de Tokio 2021, debieron cumplirse el pasado año, pero la presencia de la pandemia ocasionó su retraso. Hubo cambios en los planes y programas de entrenamiento, las proyecciones económicas del país organizador y de los países concurrentes sufrieron alteraciones, el aparataje comunicacional se tuvo que reprogramar y el mundo de la publicidad se convulsionó en extremo.

La pandemia de Covid 19 atacó, golpeó y causó más de un tropiezo, pero el inquebrantable espíritu olímpico derrotó al pesimismo y a todas las dificultades, y hoy los anillos de su emblema relucen en todo lo alto, testificando espectaculares hazañas deportivas, entre ellas la de Richard Carapaz.

Los Juegos Olímpicos llevan detrás de sí miles de historias particulares. Por esta razón, muchas novelas se han escrito al respecto. Desde la ficción o la realidad, la literatura ha descubierto para el lector dramas de los atletas, pasajes de las competencias o biografías de héroes deportivos.

En el año 1969, el escritor australiano Hugh Atkinson (1924 – 1994) publicó una novela llamada Los Juegos Olímpicos, trama ficticia desarrollada en las Olimpíadas de Roma 1960 que, por un lado, aborda las maniobras políticas y financieras, el espionaje, los chantajes y sobornos que están en el lado oscuro de los Juegos, y, por otro, la competición cumbre de toda olimpíada: la maratón. Con notable habilidad nos conduce a entender el esfuerzo, sacrificio y constancia de un puñado de maratonistas y sus entrenadores. No es coincidencia que entre sus personajes principales aparezcan trazos del etíope Abe Bikila, del legendario checo Emil Zatopek y de otros celebrados campeones olímpicos.

La novela, traducida a varios idiomas, tuvo extraordinaria acogida, a tal extremo que el director de cine británico Michael Winner decidió adaptarla. Para ello, propuso que el guion fuera escrito por el mismo Atkinson. El escritor aceptó e invitó a que le acompañara en esa misión a un conocido periodista deportivo y estupendo corredor de maratón: Erik Segan. Segan había participado en veinte ediciones del Maratón de Boston y fue el comentarista de la Cadena ABC en las Olimpíadas de Múnich 1972 y Montreal 1976.

El reparto de la película estuvo encabezado por el cantante armenio Charles Aznavour, el actor norteamericano Ryan O´Neal y los ingleses Michael Crawford y Stanley Baker. Un dato curioso: el tema musical de la película fue obra de un hasta entonces desconocido compositor e intérprete inglés, un tal Elton John.

En inglés, el filme se llama The Games. La versión subtitulada llegó a Quito en 1970 y se mantuvo en cartelera durante varias semanas. A diferencia de la novela, la película se centra en cuatro competidores del maratón, sus entornos personales y su tenaz lucha por el oro olímpico. Filmada en Roma, exhibe todos los ingredientes de una obra conmovedora y realista, extremadamente motivadora. Su final es dramático: el atleta británico entra primero al estadio, pero sus condiciones están tan deterioradas que, en vez de dar la vuelta a la pista atlética por el lado correcto, empieza a ir en sentido contrario y pierde la carrera.

Para quienes tuvimos la oportunidad de apreciarlas, la novela obtuvo el oro y la película subió al podio.

Francisco Estupiñán
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