La mitad del cuerpo de Leonardo quedó totalmente paralizada luego de tres accidentes cerebro vasculares consecutivos (ACV) en marzo de 2021. Desde entonces, ya no tiene independencia para moverse. Sentado o acostado, siempre necesita ayuda para incorporarse, comer o ir al baño. También tiene dificultades para hablar.

Cuando tuvo este quebranto en su salud estaba jubilado y vivía solo. Toda su vida trabajó como funcionario público. De la pensión que recibía, pagaba mensualmente una deuda al BIESS y otra a una tarjeta de crédito. Apenas le quedaba un saldo para sobrevivir. Con la enfermedad, su situación económica se tornó extremadamente vulnerable.

Mariela, su expareja, y sus dos hijos, inesperadamente tuvieron que asumir un inmenso apoyo, a pesar de sus propias dificultades económicas. Pero era mucho dinero: solo en medicamentos que el IESS no está entregando y en pañales para adultos se les iban como doscientos cincuenta dólares al mes. Además, había que contratar una persona que lo cuidara permanentemente. Mariela logró refinanciar la deuda de la tarjeta para que la amortización mensual fuera menor. Un respiro.

De casualidad, ella se enteró de que en casos de enfermedades irreversibles aplica el seguro de desgravamen a los préstamos del BIESS, cosa que ni en el BIESS ni en el IESS se comidieron en informarle. Empezó el trámite. Para hacerlo efectivo, la aseguradora requiere un informe del área de especialidad donde se diagnostica la discapacidad del paciente, en el hospital del IESS de la provincia donde vive. Llevó Mariela a Leonardo al único especialista de dicho centro de salud. El médico se limitó a informar que Leonardo había padecido un triple ACV y que estaba recibiendo la medicación que requería.

Mariela le dijo al médico que ese informe no les servía, que necesitaban un certificado donde se especificara la situación física de inmovilidad. «Ah, eso requiere otra consulta, mijita». Esa nueva consulta no fue gratuita, costó sesenta dólares. Pero el informe tampoco detalló el estado de Leonardo.

«Doctor, lo que le pedimos es que usted informe con claridad el estado de salud de Leonardo, su discapacidad para valerse por sí mismo». «¿Para qué es el informe, mijita?». Mariela le explicó que necesitaban hacer efectivo el seguro de desgravamen y liberar de una deuda a Leonardo. «Ah, eso es otra cosa, mijita, si usted quiere que le ayude, usted también tendrá que ayudarme». Y vino el mazazo: quinientos dólares por el certificado.

Mariela, entre atónita y desesperada, le dijo que no tenía esa plata. «Como un favor, mijita, le puedo dejar en trescientos». Mariela no los tenía, así que quedaron en tres cuotas mensuales de cien dólares en efectivo pagados en la casa del médico. Con el primer pago el médico extendió el certificado, finalmente.

Mariela y Leonardo no son sus nombres verdaderos. Ella pidió anonimato por miedo a represalias del médico que impidan que prosiga el trámite del seguro de desgravamen. No puede arriesgar nada. Si libera a Leonardo de la deuda con el BIESS podrá contratar alguien que cuide de él.

Una enfermedad irreversible y una situación económica apretada expuso a esta familia al chantaje y corrupción de un médico público que en su metro cuadrado ejerce su miserable poder. Igual que miles de corruptos, a lo largo y ancho del país, que en sus respectivos metros cuadrados ejercen sus poderes miserables y aprovechan impunemente para abusar de la vulnerabilidad de otros. Mariela concluye: hacer la denuncia en el IESS implicaría un trámite de meses hasta hacer justicia, y sin garantías.

Tal como estamos, en Ecuador todo juega a favor de los corruptos.

Luis Dávila Loor
Últimas entradas de Luis Dávila Loor (ver todo)