Un alumno está en peligro de perder el año. Le pide ayuda al profesor para recuperar notas. Él le ofrece el pase de año a cambio de dinero.

Un candidato ofrece mil dólares a los más necesitados y otro promete subir el sueldo básico en cien dólares a cambio de que voten por ellos. ¿Cuál es la diferencia entre el profesor y los candidatos? ¿Por qué en el Ecuador solo es posible hacer campaña política comprando electores? ¿Por qué la política no puede superar el clientelismo?

La crisis económica y de salud lo explican parcialmente. Pero también hay crisis política, ideológica y ética que complementan la explicación. Veamos.

Crisis política. Por un lado, fragmentación política: partidos y políticos a granel que solo representan sus intereses y los de sus cercanos, sin bases ni organización ni programas y planes de gobierno, con una militancia reducida a la presencia virtual en las redes sociales. Un tuitero escribía: «Antes, había que hacerse conocer para ser candidato; ahora es al revés». Por otro lado, fragmentación social: el gregarismo de ambientalistas, extractivistas, providas, feministas, ortodoxos, heterodoxos, religiosos, laicos, defensores de lo público y del Estado, defensores de lo privado y del mercado, indigenistas, libertarios, LGBTI, regionalistas, clasistas y decenas más. La cohesión social, el consenso, la pertenencia a proyectos colectivos, el interés o bien común y la ciudadanía debilitados. Resultado: la política sin valor simbólico alguno para la gente.

Crisis ideológica. ¿Por qué se afirma que ya no hay ideologías, que ya no hay ni derecha ni izquierda? Claro que existe derecha, izquierda y centro, lo que sucede es que no se tiene claro qué es cada cual. Se delimita la ideología a partir de la economía, sin incorporar definiciones en torno a derechos sexuales y reproductivos (¿legalización del aborto por violación?), libertades (especialmente de pensamiento y expresión), culturas, derechos de la naturaleza y contaminación (¿minería o protección de las fuentes de agua y del medioambiente?), educación, salud, seguridad (¿cadena perpetua –populismo punitivo– o resocialización de los delincuentes?), tráfico y consumo de drogas, conectividad, relaciones internacionales y geopolítica, por decir solo unos cuántos temas. Ideologías liberales, conservadoras y socialistas hacen aguas en la mayoría de ellos. Por ejemplo, unas son socialistas en lo económico pero conservadoras en cuestión de libertades y derechos sexuales. Sin ideologías claras, reina el deseo de las masas medido en las encuestas. Si éstas dicen que las masas quieren verde, verde hay que ofrecer; si amarillo, amarillo; si azul, azul. La política convertida en mercancía, en baratillo de ofertas. El populismo aflora, los principios, como referentes de las conductas, pierden valor político.

Crisis ética o implantación de una ética pragmática. Lo que vale es lo que lleva al triunfo personal, lo que se vende, no lo que es justo. El éxito está en controlar el poder, inclusive por encima de las leyes. La anomia o degradación de las normas sociales se torna pan de cada día. Que, a pesar de la escasez de vacunas, se vacune a la madre del ministro, que está albergada en un centro que tiene suficientes recursos, es aceptado por gente que piensa que, para cualquiera, primero está la mamá de uno por sobre el bien común. Hace varios años, un estudio que hizo Antanas Mockus en Quito reveló un nivel preocupante de aceptación de la corrupción por parte de la sociedad, especialmente cuando se trataba de la familia.

Crisis política, ideológica y ética: se compra y se vende el voto, se limita la visión al corto plazo, se pierde el horizonte. ¿A dónde vas Ecuador? Al fondo del pozo.

Ilustración: Freepik

Luis Dávila Loor
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