El banano, principal cultivo de exportación ecuatoriano, está seriamente amenazado por la variante de un hongo que ya lo atacó y diezmó en la década de los cincuenta. En esa época, el país tenía un enorme prestigio como productor mundial de la variedad de banano Gros Michel, apreciada por su tamaño y sabor en mercados internos y externos.

Llegó entonces el llamado Mal de Panamá, producido por el hongo Fusarium oxisporum, que aniquiló con virulencia plantaciones de plátano y banano existentes. Se trató de frenar la enfermedad, pero las armas utilizadas, tanto químicas como de manejo, fracasaron. La única alternativa fue cambiar la variedad Gros Michel por la Cavendish, que era resistente al hongo, cambio que conllevó consecuencias económicas y sociales negativas. Desde entonces, en el país se cultiva esta variedad.

El Fusarium oxisporum es un patógeno del suelo que infecta a la raíz de la planta, luego pasa al sistema vascular, taponándolo, produce su gradual marchitez y, finalmente, su muerte. Unas estructuras del hongo llamadas hifas alcanzan las hojas. La cepa de Fusarium que produce el Mal de Panamá se conoce como Raza 1 y su distribución es mundial.

En los años noventa, en el sudeste asiático, apareció otra variante del mismo hongo, la Raza 4 (R4T), que devastó las plantaciones de Cavendish en esa región. Los fitopatólogos no han dudado en calificar a la enfermedad causada por la R4T como la más destructiva de la musáceas (familia botánica a la que pertenecen el plátano y el banano). De momento se la considera entre las diez más importantes enfermedades de la agricultura.

Fusarium oxisporum Raza 4 ya está en Colombia, en la zona de la Guajira, y en el norte de Perú, en bananeras situadas cerca de la frontera con Ecuador.

Los fitopatólogos consideran que lo más peligroso de la R4T es la manera como se propaga, pues las esporas del hongo viajan por aire y agua, y pueden adherirse a llantas de vehículos, al calzado, a herramientas y a diversos materiales vegetales. Igual que su antecesora, esta variedad de Fusarium puede permanecer viable en el suelo por décadas.

En Ecuador, el cultivo de banano está en manos de un gran número de pequeños y medianos agricultores y de plantaciones industriales, representa alrededor del dos por ciento del PIB general y del treinta y cinco por ciento del PIB agrícola y, junto a sus industrias colaterales, genera empleo a más de un millón de familias. La enfermedad podría acarrear efectos catastróficos a nivel social y económico.

La oficial de Agricultura de la Oficina Subregional de la FAO, Raixa Llauger, ha explicado la gravedad de la situación: «El marchitamiento por fusarium, provocado por el hongo Fusariun oxysporum var. cubense R4T, es una de las enfermedades más destructivas del banano en todo el mundo. Puede afectar negativamente la subsistencia de los medios de vida de los pequeños productores».

Como única forma de control aparece la posibilidad de trabajar con variedades resistentes al hongo, situación que requiere mucha investigación, dinero y tiempo.  Ecuador ya experimentó el cambio de variedad en sus plantaciones bananera y conoce lo traumático que esto puede ser para su economía.  Otros países han procedido con medidas extremas de emergencia, que van desde destrucción de miles de plantas, costosas cuarentenas o agresivas y específicas aplicaciones fitosanitarias.

Las flamantes autoridades del Ministerio de Agricultura, sin pérdida de tiempo, entre otras acciones, tendrán que reconocer el problema, apoyar la investigación epidemiológica y genética, impulsar alarmas sanitarias y realizar campañas de divulgación de riesgos y de normas de bioseguridad.

De entrada, tremendo reto.

Francisco Estupiñán
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