11 de marzo. Pronto, el mundo recordará cuando la OMS declaró a la COVID19 como pandemia. Días después, al menos en Suramérica, países como Perú, Ecuador, Chile y Colombia decidieron cerrar todas sus fronteras.

Pero la pandemia sigue avanzando a una velocidad que no se corresponde con el avance de las vacunas y los planes para su distribución. Y de la misma forma que en los primeros meses de la pandemia, cuando la corrupción se hizo presente en las licitaciones públicas del área de salud, hoy, vuelve a aparecer el mismo problema.

La “vara” o la “palanca” se pone en movimiento para conseguir una vacuna.

ECUADOR: EL MINISTRO Y SUS FAMILIARES

Cuando llegaron las primeras dosis contra la COVID19 a Ecuador, el 20 de enero del 2021, tres altos funcionarios de Estado estuvieron presentes en el aeropuerto Mariscal Sucre, en Quito. Uno de ellos fue el ministro de salud, Juan Carlos Zevallos.

Al día siguiente inició el Plan de Vacunación. El ministro Zevallos fue la primera autoridad de alto nivel que se aplicó una de las 8.000 dosis de la empresa Pfizer y BionTech que llegaron al país. Para ese fin se trasladó hasta Guayaquil, la ciudad costera que fue tapa de medios internacionales en las primeras semanas de la pandemia por el alto índice de contagios y los muertos insepultos. Una ciudad desbordada.

El ministro volvió a insistir el criterio “equitativo y transparente” de distribución de las vacunas. Dicha disposición es la misma que cada país anuncia cuando llegan las primeras dosis: el personal de primera línea que recibirá la inmunización será el personal de salud y los adultos mayores.

La directriz del ministro quedó reflejada en un tweet. Y para que no quede dudas de lo ahí descrito, el anuncio indicaba sanciones por el incumplimiento: separación del cargo y el caso sería puesto a Fiscalía. La medida fue respaldada por el presidente Lenín Moreno.

Sin embargo, tres días después, el propio ministro incumpliría la norma: una brigada de vacunadores del hospital público Pablo Arturo Suárez llevó vacunas a un exclusivo centro geriátrico de la capital ecuatoriana. La noticia, que corrió como pólvora, reveló también que en dicho centro se encontraba la madre del ministro.

Y el ministro confirmó todas las sospechas. En ese lugar no había un familiar, sino varios. Ante la indignación pública, él salió al frente para decir que asistió a ese lugar en su calidad de “ministro, doctor e hijo”. Y concluyó: “si alguien desearía que dentro de este proceso hubiera dejado fuera a mi madre o cualquier otra persona debo decirle que difiero”.

Ministro de Salud, Juan Carlos Zevallos

Desde entonces, diversos actores han pedido la renuncia del ministro y que el llamado Plan de Vacunación sea transparente. Una semana después de que llegaran las primeras dosis al Ecuador, la Fiscalía, tras los hechos narrados, abrió una investigación previa por presunto tráfico de influencias.

Hasta el momento dos solicitudes de juicio político han sido aprobados en la Asamblea Nacional, cuyo destino se debatirá en la Comisión de Fiscalización. El tema impactó tan fuerte en la percepción ciudadana que el segundo lote de vacunas de 16.380 dosis llegó al país sin ceremonias y casi en completo silencio, el 17 de febrero pasado.

Pero diversos sectores siguen exigiendo la transparencia del proceso.

PERÚ: #VACUNAGATE

De acuerdo a la data que provee la Universidad John Hopkins, Perú se encuentra entre los 15 países con más muertes a causa del coronavirus por número de habitantes. En América Latina, solo es superado por México.

Pero, el caso peruano tiene condiciones particulares: hace 5 años atraviesa por una seria inestabilidad política. El capítulo más denso se vivió a fines del 2020, cuando el entonces presidente Martín Vizcarra fue vacado por el Congreso. El hecho produjo fuertes movilizaciones en Lima y en otros puntos del país. El nuevo gobierno -calificado de golpista, encabezado por Manuel Merino- gobernó del 10 al 15 de noviembre del año pasado.

Esa situación generó serias demoras para la suscripción de contratos (vacunas). No fue si no hasta el 06 de enero, cuando el nuevo presidente Francisco Sagasti, anunció la compra de 38 millones de dosis de la vacuna china Sinopharm y 14 millones de dosis de la vacuna británica Aztrazeneca.

Y aunque la vacuna china no llegó en enero como se ofreció, las primeras 300 mil dosis arribaron al país el 09 de febrero pasado. Una semana después, un lote adicional de 700 mil dosis completó el millón de la misma vacuna.

Sin embargo, estos logros se vieron opacados cuando se reveló que el expresidente Martín Vizcarra se vacunó a escondidas. El hecho se conoció al día siguiente del arribo de las vacunas, pero el exmandatario puso el primer paño frío para bajar las tensiones: fui parte del grupo de voluntarios de la fase experimental para dicha inmunización.

De pronto todo de desplomó como un castillo de naipes. Germán Málaga, el médico que dirigió los ensayos de la vacuna china, reveló que Vizcarra no formó parte de ese grupo de voluntarios. Es más, él mismo reveló que fue a Palacio de Gobierno el 02 y el 29 de octubre para suministrar las dosis, tanto para Vizcarra como para su esposa.

12 días después de la última dosis, el 29 de octubre del 2020, Vizcarra fue vacado del cargo producto de la crisis política del Perú.

El caso que parecía solo salpicar al exmandatario cobró dimensiones insospechadas. Pronto se conoció que, junto a Vizcarra y su esposa, hubo otras 487 personas. El caso terminó llamándose #VacunaGate.

En el grupo de privilegiados, que literalmente se saltaron la cola, están funcionarios públicos, empresarios y el nuncio apostólico en el Perú, Nicola Girasoli. Es más, del total de vacunados, al menos el 7% pertenece al rubro “entorno cercano”. Es decir, los familiares y allegados de las personas que se favorecieron con las vacunas.

Hasta el momento dos ministras del gobierno de Sagasti se vieron obligadas a renunciar: la ministra de salud, Pilar Mazzetti, y la canciller peruana, Elizabeth Astete. En el Congreso ya se creó una comisión investigadora y la Fiscalía abrió una investigación preliminar.

Por lo pronto, ahora el debate se centra en saber si los gobiernos regionales y las empresas privadas pueden adquirir directamente las vacunas. Pese a que el nuevo ministro de salud y la primera ministra peruana salieron a rechazar esa opciones, porque ahondaría las desigualdades, a la fecha se han presentado 13 propuestas legislativas que buscan abrir camino para que no sea solo el Estado quien posibilite la inmunización.

ARGENTINA: EL VACUNATORIO VIP

Si en el caso de Ecuador y Perú, las redes y la prensa fueron quienes deshilvanaron la trama de los privilegios en la distribución de las vacunas, en Argentina el tema salió a la luz por Horacio Vertbitsky, quien lo contó sin rubor en un programa de radio.

El 19 de febrero pasado, el periodista, cercano al kirchnerismo e influyente en los círculos progresistas argentinos, comenzó su explicación en “Habrá Consecuencias” (El Destape Radio) diciendo “ayer me vacuné”. El anuncio fue celebrado por el conductor y periodista del espacio, Ari Lijalad. Verbitsky puso contexto: nueve familiares suyos se habían contagiado. Impactado por esa situación familiar -dijo- decidió vacunarse.

En medio de sus averiguaciones, él recibió un mensaje del secretario del ministro de salud, Ginés González García. El funcionario del dijo: venga al ministerio que aquí usted recibirá la vacuna. Y así fue.

E incluso, el periodista añadió que pasó algo “gracioso”: “Me entero estando allí que también iba a venir a vacunarse el número dos de Clarín, José Antonio Aranda. Aranda se había comunicado con el ministerio para saber dónde se podía vacunar, pero que no iba a venir ayer porque Aranda había planteado que no quería la vacuna rusa sino la inglesa, la de Oxford Aztrazeneca”.

Tras contar eso, en el programa de radio, se echó a reír. La vacuna ni el virus no hacen asco a nada, le da mismo un subversivo como yo que un conchudo como Aranda, dijo.

Horas después, el Centro de Estudios Legales y Sociales, cuyo presidente es Verbitsky, rechazó la decisión del periodista porque se vacunó “por fuera del sistema establecido, a través de una cadena de favores y a título personal, mientras estábamos intentando, como todo el mundo, conseguir un turno para las personas mayores de nuestras familias”.

El hecho provocó la renuncia del ministro de salud, Ginés González. Las investigaciones no han tardado y la indignación en la opinión pública satura las redes sociales. Y es que no solo fue el periodista Verbitsky, hubo otros políticos del oficialismo, empresarios y se levantó un fuerte rumor de favoritismos en otras provincias del país.

De acuerdo a La Nación, el ministro Ginés se reservó tres mil dosis para distribuir de manera discrecional.

Así se abre un nuevo capítulo des escándalos en la región en tiempos pandémicos. A la lista se pueden sumar Chile, que a pesar de ser un modelo de vacunación, tiene su propio vacunagate. Ahí se han identificado 37 mil personas que se saltaron la fila. Como en los demás casos relatados, también se han prometido serias y profundas investigaciones. El mismo tono usó el sistema judicial brasileño cuando se identificaron las «vacunas de aire» que inyectaban a los adultos mayores.

Y eso que la vacunación apenas empieza.

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